Arqueros en los ejércitos medievales

Durante la mayor parte de la Edad Media, las tropas de artillería estaban integradas por arqueros que manejaban alguno de los distintos tipos de arco y ballestas.

Los arqueros tenían la ventaja de poder matar y herir a enemigos a distancia sin participar en el combate cuerpo a cuerpo. El valor de este tipo de tropas era bien conocido en la antigüedad, pero las lecciones aprendidas se olvidaron temporalmente durante la Alta Edad Media.

Los caballeros guerreros que tenían la tierra bajo su control detentaban el rango más alto, y su código exigía el combate cuerpo a cuerpo contra un enemigo importante.

Matar a distancia con flechas era un deshonor para los caballeros, por lo que las clases dominantes se ocuparon poco de desarrollar este arma y de utilizarla eficazmente.

Arco longbow medieval en un campamento del siglo XIV
Arco longbow medieval en un campamento del siglo XIV

Sin embargo, con el tiempo se fue poniendo de manifiesto que los arqueros eran útiles y eficaces tanto para los asedios como para las batallas. Más y más ejércitos, aunque fuera a regañadientes, les hicieron sitio.

Los arcos

Los arcos utilizados en la Edad Media eran de varios tipos: arcos de corto alcance, arcos compuestos y arcos de largo alcance.

Arcos de corto alcance

Los arcos de corto alcance medían entre 1 y 1,20 metros, y eran bastante sencillos de fabricar y manejar. Eran el tipo de arco empleado con mayor frecuencia y también los arcos más utilizados en la caza.

Tenían un alcance medio, exactitud y fuerza, y requerían una buena experiencia y un perfecto entrenamiento para que su utilización fuese efectiva.

Flechas de madera para arcos largos

Arcos compuestos

Los arcos compuestos eran originarios de Asia. Estaban formados por láminas de madera o tiras de hueso atadas juntas. Las láminas los convertían en arcos poderosos, pero requerían mayor fuerza y entrenamiento que el arco común.

Este arco relativamente corto fue el arma favorita de los jinetes arqueros, principalmente de los mongoles y otros pueblos asiáticos que eran especialistas en equitación.

Una variante del arco compuesto tenía los extremos curvados hacia fuera (lo que se conseguía calentándolo al vapor y curvando las láminas durante el proceso de fabricación). Este arco curvo era de mayor potencia y requería un alto grado de fuerza y destreza.

Arcos largos ingleses o longbows

Los arcos de largo alcance, también conocidos como longbows o arco largo inglés se originaron en Gales y de allí pasaron a Inglaterra.

Eran arcos de casi dos metros fabricados de una sola pieza de madera, normalmente tejo. El arco de largo alcance disparaba flechas de un metro. Las flechas podían tener puntas anchas que penetraban las armaduras de cuero y causaban laceraciones, y se utilizaban para combatir a la infantería.

También existían flechas de punta estrecha que penetraban la malla o los petos y se disparaban contra los guerreros con armadura.

Para disparar el arco de largo alcance era necesario tener bastante entrenamiento y práctica.

Las ballestas

Las ballestas ya eran conocidas en la antigua China pero, al parecer, se reinventaron de nuevo en Europa alrededor del 900.

Tenían un buen alcance y eran más poderosas que la mayoría de los arcos, aunque llevaba bastante más tiempo cargarlas. Un ballestero podía disparar una media de dos flechas por minuto.

El arco de la ballesta se sujetaba horizontalmente y se disparaba mediante un gatillo que liberaba la cuerda tensada.

Ballesta medieval, arco de madera

Para cargarlo, se apuntaba con la parte delantera del arma hacia el suelo, sujetándola con el pie. Podía tirarse de la cuerda hacia arriba y hacia atrás con ambas manos o con la ayuda de una manivela.

Las ballestas disparaban saetas o rallones, que eran mucho más cortos que las flechas típicas. Las saetas tenían plumas o tiras de cuero para proporcionarles estabilidad en el vuelo y una afilada punta de metal.

Los ballesteros solían llevar unos grandes escudos con abrazaderas de madera, llamados paves para protegerse mientras se agachaban a cargar sus armas. De este modo formaban un muro que los protegía.

Cuando disparaban, sólo eran visibles sus ballestas y las cabezas cubiertas con cascos. Si tenían que luchar contra una fuerza similar de arqueros de largo alcance, normalmente se veían obligados a retirarse.

La ballesta era un arma mortal muy popular por el simple motivo de que no necesitaba casi entrenamiento para manejarla. Los soldados con poca experiencia podían aprender su manejo muy rápidamente, y un disparo bien dirigido podía matar a un caballero que hubiera pasado toda su vida entrenándose en las artes de la guerra.

Ballesta de madera con arco de acero

Las ballestas eran consideradas injustas en algunos círculos (en los de los caballeros, principalmente) porque requerían una escasa destreza. Ricardo I de Inglaterra, Corazón de León, fue herido dos veces por disparos de ballesta, la segunda con consecuencias fatales.

La idea de que un hombre de su grandeza fuese herido de muerte con tanta facilidad por un soldado común, resultaba insoportable para la nobleza.

En el siglo XII, un Papa intentó prohibir el uso de las ballestas por considerarlas inhumanas.

Formaciones de arqueros

Los arqueros de infantería combatían en formaciones masivas de cientos e incluso miles de hombres. Dentro de un radio de acción de cien yardas, tanto los disparos con arco como los de las ballestas podían penetrar las armaduras.

A esa distancia, los arqueros disparaban a objetivos individuales. Las consecuencias para el enemigo eran devastadoras, especialmente si no podían responder al ataque.

En una situación ideal, los arqueros desbarataban la formación enemiga disparando durante algún tiempo. El enemigo podía estar a salvo de la caballería tras las estacas, pero no podía parar todas las flechas o saetas que le disparaban.

Si el enemigo abandonaba sus defensas y cargaba contra los arqueros, la caballería pesada entraba en acción, a poder ser a tiempo de salvar a los arqueros. Si la formación enemiga no se movía de su sitio, podía acabar debilitándose hasta el punto de que la caballería pudiese cargar con eficacia.

Arqueros medievales con longbow
Arqueros medievales con longbow

Los arqueros ingleses

A los arqueros se les animaba y subvencionaba activamente en Inglaterra ya que los ingleses, al librar batallas en el continente, estaban en desventaja en cuanto a número.

Los ingleses alentaban el uso del arco largo organizando torneos de arquería por todo el país. El resto de los deportes estaba prohibido en domingo.

Así surgió una gran reserva de arqueros experimentados que podían ser reclutados para los ejércitos. La ley obligaba a cada condado inglés a proporcionar un determinado número de arqueros anualmente.

Arqueros con arco longbow

Por lo general no había escasez de aspirantes, ya que la paga de los soldados era buena en comparación con la de otros trabajos.

Cuando los ingleses aprendieron a usar los grandes contingentes de arqueros, empezaron a ganar batallas a pesar de su inferioridad numérica.

Los ingleses desarrollaron la táctica del aluvión de flechas aprovechando el arco de largo alcance, el conocido Longbow galés.

En lugar de disparar sobre objetivos individuales, lo hacían sobre el área ocupada por el enemigo. Disparando hasta seis flechas por minuto, tres mil arqueros podían arrojar 18.000 flechas contra una formación enemiga.

Los efectos de tamaño aluvión en los hombres y caballos eran devastadores.

Los caballeros franceses que luchaban en la guerra de los Cien Años, hablaban de que el cielo se teñía de negro y del ruido de los proyectiles en su trayectoria.

El problema de emplear arqueros era protegerlos mientras disparaban.

Para ser eficaces, tenían que estar relativamente cerca del frente enemigo. Los arqueros ingleses transportaban estacas que clavaban con mazos en el campo de batalla frente al objetivo de sus proyectiles.

Estas estacas les prestaban cierta protección frente a la caballería enemiga.

Ellos confiaban en el poder de su arsenal para rechazar a los arqueros enemigos. Si eran atacados por la infantería enemiga, se hallaban sin embargo en desventaja.

La batalla de Hastings, 1066

La victoria decisiva de Guillermo I en Hastings en el año 1066 pudo deberse a sus arqueros, aunque los caballeros, como era tradición, se llevaron la mayor parte del crédito.

Los anglosajones ocupaban una ladera, y estaban tan apiñados tras su barrera de escudos, que los caballeros normandos tenían grandes problemas para penetrarla. La lucha transcurrió durante todo el día.

Finalmente los anglosajones se aventuraron a dejar su barrera de escudos, en parte para dar alcance a los arqueros normandos. Una vez fuera, los anglosajones fueron abatidos con facilidad.

Durante un tiempo, pareció que los normandos iban a perder, pero muchos piensan que los arqueros normandos estaban ganando la batalla. Un flechazo afortunado hirió de muerte a Harold, el rey anglosajón y, a partir de ese momento, la batalla concluyó rápidamente.